Ya se va acercando el mes de Mayo, y con él, el festival de Eurovisión. Desde hace aproximadamente cuatro años, lo sigo incansablemente porque me parece un despliegue musical y artístico espectacular. Es un programa a escala mundial diría yo, ya que ha sido seguido en los últimos años desde Australia y otros países no europeos. La verdad es que uno de mis sueños sería poder asistir en persona a una gala eurovisiva. La fecha tan primaveral, el ambiente festivo previo, el glamour, las expectativas musicales, los grandes cantantes; y por supuesto, la competencia entre países, son alicientes difíciles de resistir. Ser un eurofan es algo tan ''fashion'' como ser imagen de Zara o Calvin Klein. Es un sentimiento común, compartido por muchas personas de diferentes culturas, países y formas de vivir. Unidos por la música, el festival es para mí uno de los grandes acontecimientos del año. Un evento familiar, de gran despliegue y cobertura internacional que no deja indiferente a nadie. Es como una Eurocopa o un mundial, pero a visión del que les habla, mucho más cultural, intelectual, entretenido y ''brillante''. La única pega que quizás tuviese, es la del famoso politiqueo, algo que en parte, no dudo que pueda darse, pero que creo no hace sombra en absoluto, a la racionalidad del desarrollo del concurso. Un concurso justo, y el que gana, gana porque es el mejor, eso seguro. Luego sí es cierto, que cuando uno está viendo el momento de las votaciones (de los mejores sin duda), puede atreverse a adivinar (y con un índice alto de acertar, más si ya tienes experiencia viendo el festival) para donde van los votos. ¿Casualidad? No sé, pero yo voto la canción o canciones que más me gustan, que mejor puesta en escena tienen, y todo sin ningún tipo de coacción. De forma similar, supongo que millones de personas hacen eso en sus casas. Por lo que decir que Eurovisión está amañado me parece una soberana absurdez, a menos de que se tenga constancia de que los votos son manipulados por las respectivas cadenas nacionales, lo cual sería una acusación grave e infundada, y que después de 50 años de existencia, sin demostrar.
domingo, 22 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Ganas de perder el tiempo
No sabéis la de cosas inexplicables que tengo la oportunidad de percibir durante mi horario escolar. Aunque en su mayoría son todas buenas, hay algunas que me llaman especialmente la atención, pero sobre todo una: perder el tiempo. A menudo veo como hay personas que no tienen nada útil en lo que emplear su tiempo y se afanan en no hacer nada (aunque esto resulte contradictorio, puesto que ya de por sí, no hacer nada supone hacer algo). Pues toma, tengo la suerte o desdicha de contemplar a diario, gente joven que no aprovecha su efímera existencia en vivir la vida (y entiéndase esto como hacer otras cosas distintas a pasarlo bien, como esforzarse, sufrir un poquito....) Si hay algo que los jóvenes debemos de cuidar con tesón es nuestro tiempo. NO vale igual el tiempo de un chaval al de un anciano que ya ha vivido lo que tenía que vivir. Y sin embargo observamos como el viejo, se afana en exprimir cada segundo, pues sabe que le quedan pocos, y se aferra a ellos como si se le fuera la vida (nunca mejor dicho).
Todas estas reflexiones que planteo aquí, no tienen ninguna base si en primer lugar no buscamos una definición de tiempo. ¿Qué es el tiempo? ¿Es un invento humano? ¿Existe en realidad? ¿Por qué mi cuerpo va cambiando con una determinada rapidez y de una determinada manera? ¿Alguien ha visto, tocado, sentido, oído al tiempo? Yo, en mi humilde aportación, tengo que decir, que no sé decir qué es el tiempo. Por eso espero que los físico, filósofos o intelectuales competentes sean lo suficientemente sagaces como para resolver este problema de términos. Pero lo que está claro es que, hay que saber cómo malgastar tu tiempo. La vida tampoco debe ser una vorágine de acontecimientos, sino que también necesita su descanso paulatino y su monotonía. Lo que hay que evitar es un exceso de esto último. Porque todo en su justa
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